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Memorias de sostenibilidad y CSRD: cómo afrontarlas con criterio

Cómo hacer memorias de sostenibilidad útiles más allá del cumplimiento de la CSRD, y dónde la IA ayuda de verdad.

6 min de lectura Javi Cebrián
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Cada año más empresas se encuentran con la misma carpeta encima de la mesa: hay que publicar una memoria de sostenibilidad. Unas porque la directiva europea de información de sostenibilidad (la que se conoce como CSRD) amplía el círculo de compañías obligadas a reportar. Otras porque un cliente grande, que sí está obligado, les pide datos de su cadena de proveedores. Y casi todas con la misma sensación: que esto es un trámite, un documento pesado que nadie va a leer. Esa sensación es el primer error. Una memoria bien hecha no es un trámite. Es una de las pocas ocasiones al año en que una organización se obliga a mirarse de verdad.

En el equipo Imedes llevamos tiempo acompañando estos procesos, y lo que vemos se repite: empresas con buenas prácticas reales que las cuentan fatal, e informes impecables de forma que por dentro están vacíos. La diferencia entre una cosa y otra no es el presupuesto. Es el criterio con el que se aborda.

para qué sirve de verdad una memoria de sostenibilidad

Conviene separar dos funciones que suelen ir mezcladas. La primera es de cumplimiento: la CSRD y los marcos que la desarrollan piden información verificable sobre cómo la empresa afecta al entorno y a las personas, y cómo el entorno afecta al negocio. Eso hay que entregarlo, con datos que aguanten una auditoría. No es opcional.

La segunda función es la que casi nadie aprovecha. Una memoria de sostenibilidad es un retrato anual de la empresa que puede leer cualquiera: un banco que decide si te financia, un cliente que valora a sus proveedores, una persona que está pensando si trabajar contigo, un periodista. Si el documento solo sirve para tapar la casilla del cumplimiento, has hecho la mitad del trabajo y has gastado el doble de energía de la que recuperas.

Lo digo claro: si vas a invertir semanas en recopilar datos, redactar y verificar, que el resultado sirva para algo más que evitar una sanción. La memoria es información de servicio público hacia tus grupos de interés. Tratarla así cambia todo el enfoque.

los dos errores que arruinan una memoria

El primero es la memoria-adorno. Mucha foto de paisaje, mucho titular sobre el compromiso con el planeta, y poca cifra. Es el equivalente a un currículum lleno de adjetivos y sin un solo logro concreto. Quien sabe leer una memoria la descarta en cinco minutos, porque entiende que detrás del relleno no hay gestión. Y quien la lee con menos ojo se queda con la impresión de que le están vendiendo algo. Las dos reacciones te restan.

El segundo error es más serio: datos sin verificar. Publicar una cifra de consumo energético o de emisiones que luego no puedes sostener con su trazabilidad no es un descuido, es un riesgo. La CSRD empuja hacia información que se pueda comprobar, y cada vez hay más ojos entrenados para detectar lo que no cuadra. > Una memoria que exagera o maquilla es peor que no tener memoria, porque convierte un ejercicio de transparencia en un problema de credibilidad.

Si un dato no está sólido, mejor explicarlo con honestidad que inflarlo.

Entre el adorno y el dato endeble hay un terreno intermedio donde está la memoria que sí aporta valor: la que cuenta lo que la empresa hace de verdad, con números que aguantan, y lo cuenta de forma que se entienda.

de cumplimiento a comunicación que aporta valor

El salto se da cuando dejas de pensar en la memoria como un PDF que se sube a la web en mayo y se olvida, y empiezas a pensarla como materia prima. Los datos que reúnes para cumplir con la CSRD son los mismos que te sirven para hablar con un cliente que te exige criterios ambientales, para preparar una propuesta, para tu web, para explicarle al equipo por qué hacemos lo que hacemos.

Para que esto funcione hace falta una decisión previa: priorizar. Una memoria útil no lo dice todo, dice lo que importa. Identifica los dos o tres asuntos donde tu actividad tiene un impacto real, los desarrolla con honestidad, y deja el resto en su sitio sin hincharlo. Es más difícil que el “lo metemos todo por si acaso”, pero es lo que distingue un documento con criterio de un ladrillo.

Y luego está el lenguaje. La mayoría de las memorias están escritas en un idioma que solo entienden quienes las redactan. Traducir los datos a frases que una persona normal entienda no es rebajar el rigor, es respetar a quien lee. Ahí es donde una buena memoria se convierte en lo que en el equipo llamamos comunicación especializada en sostenibilidad: el rigor del dato con la claridad del que sabe explicarlo.

dónde la IA ayuda de verdad y dónde no

Llevo tiempo defendiendo que la IA no te deja sin trabajo; te deja sin trabajo quien la usa para ser mejor profesional. En las memorias de sostenibilidad esto se ve muy bien, porque hay tareas donde la IA quita horas de encima y tareas donde meterla es un error.

Ayuda de verdad en tres frentes. Primero, en ordenar datos: cuando tienes información dispersa en hojas de cálculo, facturas y correos, una herramienta de IA acelera la tarea de reunirla y darle forma. No sustituye la verificación, pero quita el trabajo mecánico. Segundo, en un primer borrador de redacción: a partir de los datos ya validados, genera versiones de partida que luego un humano revisa, corrige y dota de criterio. Tercero, y esto es lo más infravalorado, en traducir lo técnico a lenguaje claro: pedirle que reescriba un párrafo denso para que lo entienda alguien de fuera del sector funciona muy bien como punto de partida.

Donde no ayuda, y conviene tenerlo claro, es en todo lo que requiere juicio. Decidir qué asuntos son los importantes para tu empresa, sostener la veracidad de un dato, valorar un riesgo, dar la cara por lo que se publica: eso es criterio humano y no se delega. Una IA puede escribir que una empresa redujo sus emisiones un quince por ciento. Solo una persona puede garantizar que ese quince por ciento es cierto y responder si alguien lo pregunta. Quien confunde las dos cosas acaba publicando un texto bien redactado y falso, que es justo lo peor que le puede pasar a una memoria.

El reparto sano es sencillo: la IA acelera, la persona decide y responde. Si quieres profundizar en cómo encaja esta lógica en el día a día de una organización, lo desarrollo en implementación de la IA en empresas.

empezar este año con otra cabeza

Si te toca memoria de sostenibilidad y la ves como una losa, prueba a darle la vuelta. Reúne los datos con orden, apóyate en la IA para lo mecánico, verifica cada cifra como si fueras a defenderla ante un auditor, prioriza lo que de verdad importa de tu actividad y cuéntalo en un idioma que se entienda. El cumplimiento de la CSRD lo tendrás cubierto, pero te llevarás algo más: un documento que trabaja para ti el resto del año.

La sostenibilidad es estratégica o no será. Y la memoria es uno de los pocos sitios donde esa frase se puede demostrar con datos en la mano, no con buenas intenciones. Si necesitas una mano para que la tuya pase de trámite a herramienta, en el equipo Imedes sabemos hacer ese viaje.

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